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03.02.2026
10.04.2026
Curaduría
Luis Fernando Muñoz
BENDITOS SEAN LOS MUROS
Muestra colectiva
Natalia Berzunza
Emanuel Juarez

ESP

Esta exposición bipersonal reúne por primera vez los trabajos de Natalia Berzunza y EmanuelJuárez, artistas egresados de La Esmeralda cuya cercanía personal no se había traducido,hasta ahora, en un ejercicio de diálogo expositivo. La muestra —segunda presentación delprograma de Galería 4am— no parte de una colaboración formal ni de un marco temáticoimpuesto, sino de la puesta en relación de dos prácticas que, desde lugares distintos,problematizan la estabilidad de la imagen y su vínculo con la materia, el tiempo y el desgaste.El muro aparece aquí mencionado no como metáfora ilustrativa, sino como condición material ysimbólica: soporte, límite, archivo informal y espacio donde las imágenes —analógicas odigitales— se adhieren, se superponen y se degradan. Esta noción atraviesa la exposición sinvolverse relato explícito, funcionando más bien como una atmósfera compartida que informa lasdecisiones formales de ambos artistas.

En la obra de Natalia Berzunza, la pintura se desmarca de la lógica de la superficie para operarcomo un cuerpo acumulativo. Sus piezas no se leen únicamente desde lo visual, sino desde sudensidad material y su comportamiento físico: capas que se superponen, texturas que seendurecen, soportes que resisten o ceden. La experiencia prolongada de la artista en lacerámica atraviesa esta producción de manera estructural, desplazando la pintura hacia unterritorio híbrido donde lo bidimensional conserva cualidades escultóricas.

Las series presentadas oscilan entre registros atmosféricos —paisajes lluviosos, superficieserosionadas— y construcciones más abruptas realizadas sobre láminas oxidadas y estructurasmetálicas ensambladas. En estas obras, el soporte no funciona como fondo neutro, sino comoun campo activo cargado de información previa. La pintura se suma, negocia e interviene,permitiendo que el desgaste, la corrosión o el accidente material formen parte del resultadofinal. Esta lógica se extiende a las piezas construidas desde la idea de parche: fragmentos quese adhieren, se remachan o se apilan, insistiendo en una economía de lo provisional. Lasesculturas en bronce —floreros rotos con flores del mismo material— condensan esta tensiónentre fragilidad y peso, entre una factura deliberadamente brusca y una presencia afectiva contenida.

La práctica de Emanuel Juárez se articula, en cambio, desde la imagen digital y sus fallasestructurales. Su trabajo parte de un archivo personal iniciado en la adolescencia, compuestopor imágenes recolectadas de internet que, a través de procesos de copia, compresión yre-materialización, entran en estados progresivos de degradación. Este archivo no se planteacomo una reserva de memoria, sino como evidencia del desgaste inherente a los sistemas queprometían conservar la imagen de forma indefinida.

Juárez traslada esta condición a distintos soportes: esculturas en bronce que replicandispositivos tecnológicos obsoletos, impresiones digitales producidas mediante tecnologías accesibles y de circulación informal, y obras bidimensionales construidas a partir de panelessuperpuestos que sugieren una tridimensionalidad ilusoria, propia de la lógica del archivodigital. Una serie de pinturas realizadas con pintura reflectiva introduce un componente deactivación: la imagen se transforma bajo una luz directa —como el flash de un celular—evidenciando su dependencia de los dispositivos que la hacen visible y subrayando lainestabilidad perceptiva de lo digital.

Lejos de buscar afinidades evidentes o citas reconocibles, la exposición propone un cruce mássutil entre ambas prácticas. En Berzunza, la imagen se desgasta desde lo material: se oxida, sequiebra, se acumula. En Juárez, la imagen colapsa desde lo informacional: se pixelea, secomprime, se vuelve opaca. En ese punto de contacto, la muestra plantea un espacio donde lapintura, la escultura y la imagen digital dejan de entenderse como medios cerrados y sepresentan, más bien, como sistemas frágiles, atravesados por procesos de deterioro,traducción y pérdida.

ENG

This two-person exhibition brings together, for the first time, the work of Natalia Berzunza and Emanuel Juárez, artists who graduated from the National School of Painting, Sculpture and Engraving "La Esmeralda" whose personal closeness had not, until now, translated into an exhibition-based dialogue. The show—second presentation in Galería 4am’s program—does not originate from a formal collaboration or an imposed thematic framework, but rather from the juxtaposition of two practices that, from different positions, problematize the stability of the image and its relationship to matter, time, and wear. Here, the wall is invoked not as an illustrative metaphor but as a material and symbolic condition: support, boundary, informal archive, and a space where images—analog or digital—adhere, overlap, and deteriorate. This notion runs through the exhibition without becoming an explicit narrative, functioning instead as a shared atmosphere that informs both artists’ formal decisions.

In Natalia Berzunza’s work, painting moves away from the logic of surface to operate as an accumulative body. Her pieces are not read solely through the visual, but through their material density and physical behavior: layers that pile up, textures that harden, supports that resist or yield. The artist’s prolonged experience in ceramics permeates this production structurally, shifting painting toward a hybrid territory in which the two-dimensional retains sculptural qualities.
The series on view oscillate between atmospheric registers—rain-soaked landscapes, eroded surfaces—and more abrupt constructions made on oxidized sheets and assembled metal structures. In these works, the support does not function as a neutral background, but as an active field charged with prior information. Paint is added, negotiated, and intervened, allowing wear, corrosion, and material accident to become part of the final result. This logic extends to works conceived through the idea of the patch: fragments that adhere, are riveted, or stacked, insisting on an economy of the provisional. The bronze sculptures—broken vases with flowers cast in the same material—condense this tension between fragility and weight, between a deliberately rough facture and a contained affective presence.

Emanuel Juárez’s practice, by contrast, is articulated through the digital image and its structural failures. His work originates in a personal archive begun in adolescence, composed of images collected from the internet that, through processes of copying, compression, and re-materialization, enter progressive states of degradation. This archive is not conceived as a reserve of memory, but as evidence of the wear inherent to systems that promised to preserve images indefinitely.

Juárez translates this condition across different supports: bronze sculptures that replicate obsolete technological devices, digital prints produced through accessible and informally circulated technologies, and two-dimensional works constructed from layered panels that suggest an illusory three-dimensionality, characteristic of the logic of the digital archive. A series of paintings made with reflective paint introduces a component of activation: the image transforms under direct light—like a cellphone flash—revealing its dependence on the devices that render it visible and underscoring the perceptual instability of the digital.

Rather than seeking obvious affinities or recognizable citations, the exhibition proposes a subtler crossing between both practices. In Berzunza, the image erodes materially: it oxidizes, fractures, accumulates. In Juárez, the image collapses informationally: it pixelates, compresses, becomes opaque. At this point of contact, the exhibition opens up a space where painting, sculpture, and the digital image cease to be understood as closed mediums and are instead presented as fragile systems, traversed by processes of deterioration, translation, and loss.

CRÉDITOS

Registro fotográfico: Ivo Loyola (@registro.fotograma)

BENDITOS SEAN LOS MUROS